Indignante.
Esta es la palabra que mejor grafica mi sensación ante la noticia que llega
desde España y que remece a todo el mundo, primero por lo brutal de la
actividad y luego, por la poca vergüenza de un monarca ante la situación de sus
súbditos compatriotas.
Hay revuelo por el accidente que ha sufrido el Rey Juan Carlos I
de España mientras se encontraba de safari en Botsuana, en el continente
africano, pero más lo hay por los detalles que han generado esa situación.
Una cadera rota y un posterior viaje en su jet privado hasta un
hospital en la ciudad de Madrid han desatado la ira de los españoles, las
sociedades protectoras de animales y de personas como yo, que vivo al otro lado
del mundo pero que sin embargo no puede creer el nivel de desfachatez de una
persona que, con frivolidad, hace caso omiso del sufrimiento de sus
compatriotas ante una crisis económica que podría sumir a España en una nueva
recesión económica.
Un viaje que
le ha costado 44 mil euros (unos 30 millones de pesos chilenos) de los cuales
12 han sido para el pago del permiso para poder cazar “legalmente” una especie
de elefantes que se encuentra en peligro de extinción.
En esa deplorable acción, el monarca sufrió una caída que terminó
con él en un hospital español para ser intervenido quirúrgicamente para
reconstruir su cadera.
Leyendo la prensa internacional, los diarios de España recuerdan
los dichos del Rey Juan Carlos I diciendo que “le quitaba el sueño la alta tasa
de desempleo juvenil”, debido a la grave crisis que afecta a su país y que
podría significar que esta sea la próxima nación de la eurozona, después de
Grecia, que necesite una inyección de recursos para salvar su ya peligrosamente
debilitada economía, pero por lo visto para este Rey -y su familia- las
palabras de buena crianza no se condicen con sus hechos.
Que ojalá su majestad se recupere bien de su cadera, para que así
pueda dar cuenta ante su pueblo de su detestable comportamiento y espero que
España, de una buena vez por toda, se deshaga de esa lacra parásita llamada
monarquía.
La foto, aunque antigua, muestra a tres animales, dos con rifles
en sus manos y un tercero, agonizando apoyado a un árbol... el único que
creo merece nuestra compasión.

