Buen viaje, Carola.

La vida es extraña. Se empeña en premiar las malas acciones y en poner las pruebas más difíciles a las personas que viven de manera honesta y transparente.

Conocí a Carola hace unos años cuando aún estaba en la universidad y compartía departamento con Paula, mi amiga del alma, esforzándose por estudiar y conseguir un título, tan importante en la sociedad en la que vivimos.

Carola podía ganarse al mundo entero en solo cinco minutos. Con su personalidad avasalladora y espontánea no dejó nunca a nadie indiferente. Su sentido del humor conseguía sacar carcajadas y su atractivo físico y personal no admitían discusión.

Hace unos días, un incendio en su departamento la dejó con el 70% de su cuerpo quemado. Desde el cuello hacia abajo todo estaba cubierto de piel calcinada y cubierta de heridas que jamás pudieron sanar. Sólo unas máquinas lograban mantenerla con vida.

Más de 80 transfusiones y donantes de sangre, interminables horas en la Unidad de Cuidados Intensivos. Ni los mejores especialistas ni las oraciones de sus familiares y amigos pudieron lograr el milagro. Carola falleció ayer a las 18.30 hrs.

No he podido dejar de pensar en estas últimas horas en lo fugaz que puede ser la vida, en el tiempo que nos pasamos preocupados por comprar cosas de las mejores marcas, en acumular títulos universitarios, descuidar tu propia felicidad porque te puede costar el trabajo o ese nuevo cargo que te han dado, dedicados a tiempo completo a ganar dinero, poder y cuanta tontera se nos pueda ocurrir. Después de años de esfuerzo y cuando menos te lo esperas, todo se acaba y se vuelve nada, sin segundas oportunidades.

¿Acaso es justo que una mujer que a penas comienza a disfrutar de todos sus esfuerzos termine de esta manera su vida?

No se que hay después de esta vida, no se si es la única o si hay nuevas oportunidades en un mundo paralelo, en otro tiempo y espacio, sólo se que hay que vivir los minutos que se tienen de manera intensa, como si fueran los últimos, que hay que ser justos y siempre verdaderos, que se debe aprovechar a los que queremos y decirles lo importante que son para nosotros, porque quizás al final del día ya sea demasiado tarde.

Espero que Carola esté en un mejor lugar que este, riendo a carcajadas y disfrutando de la felicidad y la tranquilidad que muchas veces no tuvo en esta vida. Espero que su familia y sus amigos consigan entender a este Dios tan caprichoso, que pareciera empeñarse en castigar a quienes lo siguen tratando de hacer lo mejor, y recuerden a esta excepcional mujer como lo que era, una persona alegre y llena de vida.

Si la muerte no es más que otro tramo en el camino de la vida, sólo me queda decirte: Buen viaje, Carola.

2 comentarios:

Runner dijo...

Descanse en paz. Me ha tocado la fibra la historia de tu amiga, Roddo. Tu reflexión sobre que hay que vivir cada día como si fuera el último es muy cierta. ¿Alguien puede garantizarnos que nos levantaremos de la cama mañana?

Un abrazo y te acompaño en el sentimiento.

Roddo dijo...

Muchas gracias, Runner. Esto me ha golpeado muy fuerte, al igual que a todos quienes la conocimos.

Abrazos.

 

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